El ataque contra Jorge Heras exhibe nuestra vulnerabilidad como sociedad desde diferentes flancos. La más obvia es como un ciudadano puede ser atacado por tres hombres que ejecutaron un plan programado y estudiado, en un ambiente de impunidad en el que los delincuentes saben que hay escasas probabilidades que los arresten y sentencien en un sistema judicial que carece de agentes que investiguen y el limitado acceso a la justicia.
Pero atacar a un periodista que ha exhibido los excesos y abusos, las disputas y las incongruencias del poder, claramente merma nuestro derecho a saber y por tanto a decidir. Ahí es donde creo que duele más este ataque al periodismo, por su impacto directo a la endeble y polarizada democracia que vivimos.
Conozco y reconozco el trabajo de Jorge, él es periodista, él demuestra con hechos y opina con rigurosidad que adereza con un estilo desenfadado y frontal; y creo que ese sentido del humor es lo que le caracteriza y conecta con quienes lo vemos en sus espacios. Esa conexión ha hecho eco, tiene un prestigio e importancia. Me queda claro que el ataque fue contra el estilo, conexión y ese eco que han logrado desde hace cuatro años, en Ciudad Capital, un impacto que se traduce en decisiones, en consecuencias sociales.
Ante el crimen organizado, una sociedad organizada… está agresión de nuevo es una invitación a privilegiar el diálogo, a encontrar medios de comunicación que hagan más periodismo, que tenga rigurosidad, espacios de los que quedan pocos. Es momento de distanciarnos de las porras a los gobernantes y levantar la voz y exigir cuentas y resultados.
La gobernadora en campaña prometió seguridad; ella permitió que le impusieran tres secretarios de seguridad, es momento de hacerse responsable y reconocer que hasta hoy se ha fallado. Van dos periodistas asesinados en su administración y más de doce que hemos sido amedrentados, hostigados o amenazados. ¿Eso es defender la libertad de expresión?
Termino con dos frases… la primera se la escuché a Victor Trujillo como Brozo “Al poder se le cuestiona, no se le aplaude”.
“Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo» es una cita muy popular que se atribuye a Voltaire, aunque en realidad fue escrita por su biógrafa, Evelyn Beatrice Hall, en 1906.
