Acabo de ir a un restaurante al que frecuento con singular alegría, algunos meseros me conocen como cliente, un par por mi nombre, uno me dice “vecino”, pero hace unos días supieron que soy reportero.

Ociosamente tomé el menú con la esperanza de una propuesta nueva, pero todos sabíamos que pediría lo mismo de siempre para desayunar.

Me hice pendejo unos minutos hasta que llegó el mesero, un viejo conocido y me dijo “¿entonces tú le tomaste la foto a la gober en la birria?”, sonriendo le asentí y se rió… “esos tacos son buenos”, me respondió.

Mientras pedía la orden me dijo, “hace rato que también vino la gober aquí, vino con una chaparrita que todo pedía”, y con su pluma señalaba la cocina.

Mi amigo, un mesero canoso que pone en evidencia su trayectoria me confió que fue la gobernadora la que pidió la cuenta. Uno de sus compañeros le dijo “vas, que te hablan” a lo que él respondió “con ganas de cobrarle un plato de más, solo para que sienta que te roben”…No lo voy a negar, en la mesa todos nos carcajeamos, rompimos en llanto la ocurrencia. Hasta escupí mi totopo y le pregunté ¿a poco si te atreviste? “No la verdad tenía que haber un honesto en la mesa”.

La verdad le creo a mi amigo, tanto su creatividad que le da para pensar en darle una lección a la gobernadora, como su honestidad para cobrarle lo justo.

Al final, los meseros habían pensado en picharle el desayuno a la gobernadora, pero como la “Chaparrita” pagó, dejaron pasar la oportunidad de darle las gracias a Marina del Pilar por asistir y con ello reconocer que su trabajo es honesto, rico y bien hecho, me dijo mi amigo.

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