Llegó sin tanto movimiento, saludó y quiso hacer fila para desayunar birria de Tijuana, de donde obviamente son los mejores tacos del mundo.

La gobernadora Marina del Pilar se acercó a un puesto de tacos en la Cacho donde atiende Don Pablo. Después de pedir su taquito con todo, nos acercamos y nos saludamos, ambos sabíamos que la birria es la tregua que nos permite hablar de cerca, cálido y relajado.

«Ahorita en los tacos no Ernesto», nos reímos, pero le advertí que quiero una entrevista con ella, que me interesa una autocrítica y un análisis de lo que ha perdido sin visa para cruzar a los Estados Unidos. Mientras le explicaba, le daba una mordida a su taco blandito con salsa con toque de habanero.

«Sabes que no he querido que mi hija tenga esos recuerdos, eso es lo que más me puede», me respondió la gobernadora tras la reflexión que te da un buen taco de birria.

«No quiero que cuando crezca, vea todo esto en redes», remató. Insistí que lo analizara, desde el ámbito personal y profesional, pero a tres meses de su peor crisis mediática, es una oportunidad de hablar con sinceridad.

Ella siguió atacando a su taco de birria con tortilla blandita; yo mi consomé con limoncito. Nos dimos un abrazo. Marina volteó con un taquero y la joven de los pedidos para llevar, y les dijo «ya ven, sí regresé». Me acordé del dicho popular «si regresa, siempre fue tuya… si no, nunca lo fue».

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