Estas dos horas de historia son alentadoras, duras y fuertes. Johnny es un melodrama polaco intenso que tiene una poderosa historia novelada sobre las adicciones a las drogas, la delincuencia, la religión, los tratamientos paliativos y la tanatología, todo basado en la vida y relación del padre Jan Kaczkowski y Patryk Galewski en 2016.
Johnny es la película del sacerdote Jan Kaczkowski, interpretado por Dawid Ogrodnik, a quién le han diagnosticado un tumor cerebral fatal por lo que le quedan pocos meses de vida. Jan desarrollará una amistad con Patryk Galewski, interpretado por Piort Trojan, que ha sido sentenciado a cientos de horas de servicio comunitario en un hospicio de tratamientos paliativos en Polonia en donde encontrará un refugio para evadir al narcotraficante con quien sostiene una deuda y terminará siendo un espacio para dejar de evadir y hacerle frente a sus miedos, incluyendo a la muerte.
La trama desarrollada en el guion de Maciej Kraszewski es un melodrama novelado aprovechado por el director Daniel Jaroszek logra capturar lo motivador e inspirador de la historia real.
Técnicamente hay dominio de la cámara, de la iluminación, de la fotografía y de la escenografía. La mayoría de los ambientes trasmiten por sí solos y logran que los actores proyecten e interpreten genuinamente a los personajes y se alejen de la imitación o exageración.
La historia nos habla en diferentes niveles de la relación entre el sacerdote Jan y Patryk, desde la confianza en alguien que ha decepcionado reiteradamente a todos a su alrededor; de las adicciones como una forma de evadir los problemas reales; del respeto a quienes tienen un diagnóstico fatal y los cuidados que necesitan; y sobre la rehabilitación a las adicciones y reinserción social desde la oportunidad. Lo novelado hace que sea sencillo el desarrollo de una profunda, compleja, auténtica y genuina historia.
Probablemente, encontremos claros contrastes con las películas mexicanas, porque a pesar de que hay pocos personajes secundarios y los temas son cotidianos, hay un contraste muy evidente en la calidad en el guion, en la interpretación y en la técnica. De nuevo, una película en Netflix que nos demuestra que la clave de una buena producción es que el guion esté bien escrito y que haya actores talentosos entregados al proyecto.
