Triste y nostálgico por ver su destino sin un futuro para la tradición lechera en su familia, un orgulloso y veterano lechero me mostró tres fotografías de su juventud entre los establos.

En una verdadera postal de nuestra historia se aprecia el Cerro Colorado despejado y testigo de una Tijuana con establos en las inmediaciones de lo que hoy conocemos como la Tercera Etapa.

Mientras me mostraba una foto que le tomaron de sorpresa, en la que su dorso y manos estaban en la ordeña; su rostro y sonrisa en el lente presumiendo su pasión por el trabajo honesto. Viendo la imagen despintada por el tiempo, el lechero me compartió que estaba decepcionado que las cosas ya no fueran como antes, que las deudas ya no se saldaran con honor y que el apretón de manos ya no valía lo de antes.

Revisaba, revisitaba y parecía que regresaba en el tiempo al ver sus fotos impresas. Suspiró y con la voz entrecortada me confesó que se sentía mal de haber apoyado la idea de sacrificar vacas y parte del ganado en edad y condiciones productivas, con tal de obtener recursos para poder comprar la alfalfa y alimentos para las vacas que mantienen en los establos, en las cuencas de Rosarito. Me impactó la consternación, pues simplificando, era como si hubiera impotencia y resistencia por no sacrificar ganado. Me daba la impresión que prácticamente eran vacas comiendo vacas.

La pasteurizadora Jersey ha cometido una gran irresponsabilidad en muchos sentidos. El principal es por no pagar lo equivalente a un año de producto que los lecheros han entregado y que se ha vendido. La segunda irresponsabilidad es la financiera;, una mala administración que se evidencia en la opacidad con sus socios y el abuso por la falta de contratos escritos sin respetar los pactos a mano.

Con la opacidad, Jersey deja en la incertidumbre a sus socios por no saber cuánto venden, cuánto es la merma y la razón por la que selectivamente algunos de los lecheros no reciben pagos puntualmente desde que murió el fundador Ernesto Jiménez.

La tercera irresponsabilidad, y probablemente la más siniestra,, es hacerle creer al público nostálgico que la empresa no está en riesgo de quiebra y usar la polémica para publicitarse en el Cecut o regalar leche, leche que no pagan, leche a costa de los lecheros y de las vacas que no pueden ser alimentadas con recursos producto de su leche.

Jersey está por cumplir un siglo, Su éxito se basó en una sociedad de Tijuana que ya no es, que ya no será y en donde la soberbia de las nuevas generaciones y su desdén por la ordeña seguirán permitiendo que vacas coman vacas.

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