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La puedes evitar
2.4Nota Final
Actuación
Historia
Guion
Ritmo
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Es muy difícil aguantar una película con una historia que no avanza y ciclada que expone problemas desde la visión de un mexicano privilegiado. La fotografía es bella, hay secuencias interesantes, colores brillantes, pero los estímulos estéticos no son suficientes para aguantar una película pretenciosa.

Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, es el sueño de Silverio Gacho, interpretado por Daniel Giménez Cacho, que se sumerge en sus traumas, conflictos y pensamientos mientras está hospitalizado por un derrame cerebral que sufre al ir en camino en el Metro de Los Ángeles, California previo a la ceremonia de premiación como documentalista mexicano en los Estados Unidos en un mundo en el que México vendió Baja California a Amazon.

Bardo es escrita por Alejandro González Iñárritu y por el fotógrafo Nicolás Giacobone, que desarrollan una serie de momentos que lucen como una terapia psicológica en la que Silverio expone sus cuestionamientos sociales, políticos, económicos, migratorios y familiares mediante escenas que frágilmente están secuenciados.

Giacobone abusa del gran angular para proyectar exitosamente la sensación de estar en un sueño. Su fotografía es atractiva, colorida, llena de texturas y riqueza visual. La película inicia con la ilusión de que alguien está volando, desde ahí nos plantean que se trata de un sueño.

Iñárritu ha confirmado que Bardo es una introspección. En Gacho (Giménez Cacho) proyectó sus ideas y cuestionamientos desde el privilegio como mexicano viviendo en el extranjero y con una economía solvente sin problemas. Desde ahí es difícil empatizar completamente con la historia, algunos aspectos nos harán sentido, pero Silverio Gacho termina siendo soberbio y pretencioso que ni sus conflictos familiares logran conectar.

La visión de Iñárritu viene desde la soberbia y el privilegio que hay una escena en la que Silverio se ofende e indigna porque un agente de migración le pide que no llame “hogar” a Estados Unidos, porque él es turista, no ciudadano, pese a vivir, trabajar y pagar impuestos en Los Ángeles, California, desde hace más de una década. Probablemente es un cuestionamiento que los migrantes se planteen, pero en el caso de Bardo se plantea desde el privilegio.

A Iñárritu le faltó desarrollar la historia, pues cada cuestionamiento que hace es cobarde al tratarse superficialmente y que ninguno tuviera una consecuencia directa al personaje. La película solo son momentos surrealistas que acompañan un cuestionamiento que es respondido desde el privilegio. Son tres horas en donde nada avanza y carece sentido. Como historia es una pérdida de tiempo, en fotografía es muy agradable verla pero nada justifica perder tres horas frente a una película que está estancada o ciclada en un sueño de un personaje soberbio que con la mayoría se comporta con desdén. La única explicación de que Bardo haya sido proyectada y seleccionada en los festivales de Venecia, Londres y Morelia es por los Oscares ganados por Iñárritu, pero realmente esta no es su mejor obra, ni mejor historia y menos su mejor guion. Si pueden ahórrensela.

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