En las últimas semanas, se ha venido hablando mucho el tema de los nuevos libros de texto en México. Hay quienes comentan a favor o en contra, compartiendo su visión personal. Hoy les quiero compartir algunos puntos importantes, que sin aprobar o sancionar los libros de texto, considero el lector debe conocer con más detalle respecto al contexto educativo en México.

En 2019, se realizó una reforma a los artículos 3°, 31° y 73° de la Constitución de México en concordancia con el sistema educativo. Se decía que la educación debía avanzar principalmente, en lograr una mayor equidad. Para ello se establecieron seis ejes prioritarios con sus respectivos dispositivos de política para lograr que todas y todos los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de México gozarán del derecho a la educación desde el nivel inicial hasta el superior.

Este año, el nuevo modelo educativo promueve una enseñanza inclusiva y de calidad, con la participación de diversos actores como el gobierno, las autoridades educativas, docentes, padres de familia y la sociedad civil. También busca promover la formación integral y humanista desde la educación inicial hasta la superior, garantizando la enseñanza de excelencia con base en los principios de inclusión, pluralidad y colaboración.

Debemos involucrarnos y conocer las cosas positivas en las que ha evolucionado la educación mexicana, adaptándonos al concepto de la Nueva Escuela Mexicana, que incluye la transversalidad en la educación, la integración de enfoques, métodos y valores en todas las áreas y niveles de la educación.

No se trata solo de enseñar matemáticas o historia de manera aislada, sino de entrelazar estas materias con temas contemporáneos y valores universales. Esto no solo facilita la comprensión profunda de los contenidos, sino que también refleja la interconexión de la vida real, prepara a los estudiantes para abordar desafíos complejos desde múltiples perspectivas, lo que promueve la capacidad crítica y la creatividad. Esto reconoce y celebra la diversidad en todas sus formas: diversidad de habilidades, géneros, etnias, orientaciones sexuales y contextos socioeconómicos.

Después de la pandemia, las brechas de acceso a la educación se profundizaron, el nivel de aprendizaje se puso en riesgo y el rezago educativo creció de manera importante. Al corte del 2020, de acuerdo con el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo) el 19.2% de la población estudiantil presenta rezago educativo, que en términos absolutos el total de personas que presentan rezago educativo pasó de 23.5 millones a 24.4 entre 2018 y 2020.

Por otro lado, las brechas de educación son amplias entre educación privada y pública, variando también de acuerdo a la región en que se encuentre. Mientras 6 de cada 10 profesores en escuelas privadas están completamente certificados, esta cifra se reduce a la mitad (3 de cada 10) en las escuelas públicas. Lo preocupante, es que los docentes deben ser formados para adaptar sus métodos a las necesidades individuales de sus estudiantes, fomentando el respeto y la empatía entre compañeros.

No obstante, a pesar de los avances, destaco dos áreas que requieren atención continua: los desafíos hacia una educación inclusiva plenamente desarrollada en México, ya que no existe una cultura de inclusión en este país y la aceptación a estos nuevos proyectos es renuente. Y la segunda, es que carecemos de recursos e infraestructura accesible y tenemos la necesidad de mayor formación para los docentes.

La educación inclusiva y la transversalidad en México deben ser un pilar en la formación de ciudadanos, son fundamentos necesarios para construir personas que valoren y celebren una sociedad diversa. Esto implica un compromiso constante en la cultura y las políticas gubernamentales. La educación (y sus libros de texto) deben conducir su esfuerzo en construir una nación más justa, equitativa y empática.

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