Emilia (Danae Reynaud) es una estudiante de preparatoria que tiene claro su plan de vida: convertirse en arquitecta y crear obras importantes que sobrevivan al paso del tiempo. Es una chica estudiosa, dedicada a prepararse para lograr su objetivo.

A la par descubrimos que tiene un extraño don, puede ver “un resplandor” que rodea a ciertas personas. En el velorio de un compañero de su escuela conoce a Renata (Carla Adell) quien la invita a comer para distraerla de la situación, dando punto de partida a múltiples conversaciones, muchas de ellas sobre la temporalidad de las cosas: Emilia piensa en el futuro y Renata quiere vivir el presente.

La relación de Emilia con su padre, Adrián (Hernán Mendoza) es cercana y amena, aunque él tiene que esforzarse en conseguir que ella le de respuestas “más allá de 140 caracteres”. Son su única compañía, ya que su madre falleció cuando era niña. Conforme evoluciona la relación sentimental entre Emilia y Renata, van incorporándose a sus rutinas: Renata come y estudia en casa de Emilia, mientras esta la acompaña a proyecciones de películas clásicas en casa de Carmen (Paloma Woolrich), su amiga más cercana. Un punto relevante de “Efímera” es que no parte del proceso de aceptación personal y comunitaria sobre la homosexualidad -ya que la relación entre ambas no es señalada por sus cercanos, es aceptada como tal- el conflicto está encaminado a la posibilidad de que la relación que han formado ambas tenga fecha de caducidad próxima.

Reynaud sostiene la película en sus hombros y es una buena decisión por parte del director Luis Mariano García. Ejemplifica la ansiedad juvenil, provocada por sus propias metas, además de la ocasionada por el encuentro con la que parece su primera relación amorosa. De arranque Reynaud parecía ligeramente mayor para el personaje, pero utiliza esa característica para dar una apariencia más dura, en una representación de alguien que a su corta edad ya sabe qué hará con su vida, a diferencia de la apariencia frágil de Renata (Adell), que no tiene interés en planear, sino en vivir intensamente, disfrutando del presente y de las cosas que la hagan sentir bien.

La historia es muy concreta, enfocándose en la relación de Emilia y Renata, sin entrar en detalles innecesarios, ni de contextos sociales, utilizando sutilmente elementos de realismo mágico para avanzar la trama y afianzar la premisa de que debemos aprovechar el tiempo disfrutando el presente, explorando nuevas oportunidades, despojándose de la rigidez de los planes camino a un futuro diferente al que siempre se pensó vivir.

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